Monday, January 30, 2006

trozos de mí

¿De cuántas formas se te puede partir el corazón?...
Demasiadas.

Por eso, por esa facilidad ineludible para sacar lágrimas es que este fin de semana fue duro. Debió ser fuerte por la nostalgia, pero no resultó así.

Cada vez que me enfermo, que me da alergia o me lesiono haciendo deportes, alguien me lleva a la Clínica Alemana donde todo está impecable y recibo todos los cuidados que necesito.

Pero esa realidad que no nos toca a todos me ha llevado continuamente a ver para todos lados. Trabajo constantemente visitando el Hospital del Trabajador de Santiago y este fin de semana fui a ver a mi tía abuela que sufrió un derrame cerebral que la dejó en la Sala de Agudos del Hospital Salvador.

Cuántas veces intenté olvidar la imagen de mis dos tatas en esas salas. Las manos atadas, el cuerpo cansado y la mente frágil navegando por diferentes parajes. Y ver a la tía fue volver atrás, fue volver atrás el mismo día del cumple del tata y de la misma forma que lo hizo mi taty. Las coincidencias son excesivas.

Mi mamá está cansada. Tiene pena, nostalgia. A veces quisiera meterme dentro de ella para ayudarla a limpiar su corazón, de la misma manera que a ella le gustaría meterse en el mío para sacar los recuerdos de esa relación que no es más que cenizas.
Y en medio de esta vorágine de sentimientos, están latiendo mis anhelos con más fuerza de lo acostumbrado. Están marcando el paso, porque es hora de seguir avanzando… queda poco, cada vez menos para hacer cosas, eso también parte el corazón… puede sonar cursi, pero es cierto.

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